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domingo, 29 de enero de 2012

Capítulo 2

Llegó el sábado, el día que iba a quedar con Mario para comenzar el trabajo, pero los dos sabíamos muy bien que de lo último que íbamos a hablar era del trabajo, teníamos que ponernos al día de muchas cosas porque había pasado tanto tiempo desde la última vez que hablé con él.


Durante la semana, Cristina estuvo acosando a Mario, se lo advertí a Mario, que Cristina no iba a descansar por encontrar novio. Estaba muy desesperada porque ella quería a Iván.


Iván no se daba cuenta que Cristina estaba loquita por él. Se le notaba en los ojos ese brillo cuando lo miraba. Creía que saliendo con otra gente lo iba a poner celoso y que caería rendido a sus pies. Como he dicho anteriormente... Ilusa....


Me duché y me alisé el pelo. Me maquillé un poco y me puse mi vestido blanco roto con rayas marineras. Iba a salir por la puerta cuando mi hermano me preguntó:
-¿A donde vas?
-A casa de Mario que vive aquí al lado, ya te lo dije- le recordé
-Ah... vale. Ten cuidado- me advirtió.
-Vale.


Esa semana Ángel estuvo muy raro. No paraba de advertirme y de suplicarme que tuviese cuidado y que controlara mis sentimientos, que fuese muy precavida y que no confiase en cualquiera. El porqué, lo desconocía.


Salí de mi casa y avancé unos metros hacia delante. Me detuve un segundo porque había un hombre vestido de negro que me miraba fijamente. Decidí hacer caso omiso a su mirada y avancé unos pasos más. Noté que aquel hombre me seguía pero decidí no volver la cabeza atrás por precaución.


Una turista despistada que buscaba la mezquita, le preguntó al hombre de negro que dónde estaba. Por suerte mía estaba lejos y el hombre tuvo que darle las indicaciones. Esto me dio la ventaja suficiente de poder llegar a casa de Mario rápido, antes de que ese hombre pudiera alcanzarme.


Mario me abrió la puerta, entré corriendo y cerré la puerta de un portazo.
-Si que tenías ganas de verme- dijo Mario medio riéndose.
-No seas tan creído. Me estaba persiguiendo un hombre.
-Lo siento- se disculpó- no lo sabía.
-Lógico, si no, no hubieras dicho nada- dije enfurecida.
-Vale, ya lo he entendido. No hacía falta que te pusieras así. ¿Ves aquella habitación del fondo? Es la mía. ¿Me puedes esperar? Es que voy a ir un momento al baño.
-De acuerdo- le respondí.


Llegué hasta su habitación. Era grande y con un gran ventanal que daba luminosidad a la habitación. Tenía un escritorio con sus lapiceros y libros bien ordenados. Su cama era grande, pero no llegaba a ser de matrimonio. El detalle que más me gustó de la habitación fue sin duda las vistas del ventanal. Había un patio grande típico cordobés con sus flores. Se podía observar las vistas desde un sofá que había. Me senté. Al momento llegó Mario que también se sentó y me murmuró.
-¿Te gusta?
No dije nada, simplemente asentí.
-Esta es mi parte favorita de toda la casa, es un rincón tan especial. Cuando al final supe que iba volver...
-¿Cómo es que has vuelto?- le interrumpí.
-En verdad, mi familia siempre ha tenido en mente la idea de volver, pero nunca han tomado la iniciativa. El año pasado murieron mis padres y quise volver a Córdoba, la que ha sido siempre mi casa.
-Vaya, lo siento mucho, no sabía lo de tus padres. Te doy mi más sentido pésame. Tiene que ser muy duro. Yo también he vivido la pérdida de mis padres. Aquí me tienes para lo que haga falta- le consolé
-Muchísimas gracias, Laura. Fue duro y quise volver a mi tierra, a Córdoba. Cuando he vuelto me he alegrado tanto. Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo ve lejos. Tenía muchísimas ganas de volver, entre otras cosas, para relajarme.
-Comprendo- le dije-. Yo hubiera hecho lo mismo.
-Bueno, ¿cómo están tus hermanos? ¿Cómo está Gonzalo?
Entonces recordé que cuando despareció mi hermano, Ángel me dijo que no le dijera nada a Mario sobre su desaparición, que ese era un secreto de familia. No pude evitar contener las lágrimas, además de que las palabras de Mario y su situación me habían conmovido, el hecho de recordar a mi hermano hizo que se me corrieran algunas lágrimas.
-Gonzalo desapareció un año después de que fueras a Madrid, hasta ahora todavía no ha aparecido. Las posibilidades de que estén vivos son nulas pero aún conservo en mí un ápice de esperanza. Como dice el dicho "La esperanza es lo último que se pierde.
-¡Di que sí! Y oye- quiso cambiar de tema- que pena que un año antes me fuera, tuvo que ser duro perderme- dijo no se si de broma o de verdad.
-Yo no sé como se llama lo que tu eres en Madrid, pero aquí se llama creído en toda regla- le contesté arqueando una ceja.
-Anda, Laura no te cabrees que estoy de broma. Pero he tenido que ser muy importante para ti porque tu abrazo del lunes estaba lleno de alegría.
-Pero tu no lo negaste.
-Porque yo también tenía muchas ganas de verte- susurró


Durante un buen rato me quedé mirando a sus ojos verdes como el trigo verde que brillaban. Miraban hacia la ventana de delante nuestra. No miraban a ningún punto en especial. Cuando lo vi de perfil me di cuenta de que era muy guapo. Tenía unas fracciones perfectas y esa piel un poquito oscura... Estaba absorta mirándole hasta que me preguntó:
-¿Y tu hermano Ángel?
-Él está ahora mismo muy bien. Trabaja como guía turístico y nos llevamos muy bien- le respondí
-¿Y seguís cantando flamenco tan bien?
Tampoco me acordaba que, aparte de mi familia, Iván e Isa, Mario también sabía lo de mi pasión al flamenco. No sabía que responderle porque no quería parecer poco humilde diciendo que sí, pero tampoco quería ser hipócrita diciendo que no. Simplemente le contesté con otra pregunta:
-¿Todavía te acuerdas?
-Pues claro, es una de las cosas que nunca he olvidado de ti- me susurró.


Nuestros ojos se encontraron y el brillo de sus ojos aumentó. El corazón me latió más rápido ¿por qué? Pasó un rato y respondió:
-Es que tenías mucho arte, eso no se olvida.
-Ehhh!!! Que todavía lo tengo!!- le protesté.


Miré el reloj y eran ya las nueve y media de la noche.
-Es mejor que me vaya ya para mi casa.
-Sí, es tarde- me respondió


Me acompañó hasta la puerta. Entonces me acordé de aquel hombre que me había seguido a la ida. No quería volver sola, entonces le pregunté a Mario:
-¿Me puedes acompañar, por favor? No quiero volver sola por lo que me ha pasado esta tarde. Hazte a la idea que soy un poco cagueta.
-¿Ahora qué quieres que sea, tu ángel protector?- me dijo con soberbia
-¿Me vas a acompañar o no?
-Venga vamos.


Llegamos a mi casa y por suerte aquel hombre no estaba por ningún lado
-Al final no ha pasado nada, no hay que ser tan asustadiza
-Ya lo sé... ¿Mañana podrías venir tú a mi casa? Pero entonces empezamos el trabajo de verdad ¿eeh?
-Está bien


Durante un rato se quedó mirando mis ojos. No sabía que le pasaba y le pregunté:
-¿Te pasa algo?
-No, simplemente es que de noche tienen un brillo especial tus ojos.
-Gracias- dije tímidamente
Desde un tiempo atrás, pensaba que mis ojos eran feos. Este elogio me sentó muy bien. Estaba muy contenta por el elogio, pero también sentí un sentimiento nuevo. Parecía como una alerta.


Se acercó a mí y empezó a jueguetear con un mechón del pelo que me caía al pecho. Se me aceleró el pulso y estuve apunto de híperventilar. Entonces me dijo:
-Nos vemos mañana.
-Aquí te esperaré.
-Seguro que me esperarás desde que me vaya- contestó
-Seguro...- dije irónicamente
-Ay Laura...! Adiós
-Adiós- me despedí


Cuando llegué a mi casa, le confesé a mi hermano que sentía algo raro. A lo que me respondió:
-Eso es amor
-¡Qué no! Es una sensación como si alguien me quisiera advertir de algo que desconozco. ¿Sabes algo?
-No te voy a mentir- me respondió- sí
-¿El qué es?- respondí intrigada.
-Eso lo tendrás que adivinar por tu cuenta, cariño.
-¿Pero cuándo?
-Tú dale tiempo al tiempo- terminó filosóficamente





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