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sábado, 4 de febrero de 2012

Capítulo 3

Al día siguiente, cuando llegó Mario, mi hermano abrió la puerta. Tuvieron una discusión de la que oí que mi hermano le decía:
-No le hagas daño, ni psicológica mente ni físicamente.
-No, Angel. Yo sería incapaz de hacerle daño. Te equivocas de persona
-Ve, Laura te espera - dijo con voz fría




No sé, pero me daba la sensación de que estaban hablando de mí. Si yo tenía razón. ¿De qué manera me podía hacer daño Mario? ¿Y cómo podía desconfiar ya Ángel si acababa de volver de Madrid? Por si acaso no pregunté nada aunque me quedé con la intriga.


-Buenas tardes.- Le saludé cuando lo vi entrar a mi cuarto
-Hola.-Dijo en tono serio
-¿Te pasa algo?
-No, no me pasa nada- me contestó aunque pude percibir que mentía
-Si tu lo dices...


Empezamos a tantear varias ideas para el trabajo, yo le dije la primera:
-¿Qué te parece si hacemos que a alguien le pasa lo que sea y otra persona le responde: "Si hubieras hecho deporte..."
-Eso es muy típico.- Me respondió- ¿Qué te parece si una persona salva a otra gracias al deporte?
-Vale, me parece bien. ¿Quién se pide salvar a quien?
-Pues yo me pido ser el salvado.
-¿Ahora qué quieres que sea, tu ángel protector?- repetí sus mismas palabras.
-Pues sí- rió- Además no me quiero ni imaginarme que algo malo te pase.
¿Quién se creía? Alomejor se pensaba de verdad que tenía que protegerme, pero no entendía por qué tenía que ser tan exagerado por un trabajo para el colegio.
-¿Por qué te pones así?, es solo un teatro- le contesté
-Ya, pero yo me meto mucho en el papel por muy mínimo que sea.
Tras sus palabras hubo un silencio. En la última semana estaban aumentando esas pausas. No me gustaban los silencios por lo que lo rompí preguntando:
-¿Te gusta actuar?
-Sí, me gusta mucho. En Madrid estaba apuntado a un curso de arte drámatico
-¿Alguna vez has participado en alguna película?
-Sí, una vez salí de extra en la película "A tres metros sobre el cielo"
-¿Y has conocido a Mario Casas?- pregunté entusiasmada
-Laura, pensaba que tu no te dejabas llevar por las modas y lo que a todo el mundo le gusta.
-¡Mira quién fue a hablar!- protesté- El que tiene el pelo de Justin Bieber y viste igual que un escaparate de moda.
-Tienes razón- afirmó agachando la cabeza
-Además a mí me gusta porque es buen actor, tiene una cara muy bonita y el cuerpo ya ni te cuento.
-¿¡¡Pero cómo te puede gustar su cara!!!??- preguntó medio chillando- opino que la mía es mejor que la de ese tío.
-¿Celoso?- pregunté riéndome
-¿Cómo voy a estar celoso?- me respondió dubitativo- Vale, puede que esté una pizca de celoso.
No pude evitar soltar una carcajada
-¿Qué te parece tan gracioso?- preguntó enfadado
-¿Por qué estás celoso?
-Porque alomejor me importas más de lo que creo.


Y a continuación hubo otro silencio. Tantos silencios acabarían por volverme loca. Mario aprovechó este silencio y, como estábamos sentados en la cama, se acercó.


-¿Te pasa algo?- le miré desafiante
-¿No me puedo acercar a ti?
-A no ser que quieras algo... ¿Qué quieres?
-Mira, Laura, No me hagas las cosas más difíciles, por favor.
-¡Pero si yo no estoy haciendo nada!
-Es que eres tan, tan... No sé cómo explicarme.
-No sé si tomarme eso como un elogio...- le contesté
-¿No lo ves? Hay algo que quiero hacer pero ,por otro lado, no estoy seguro.
Tras decir esto empezó a acariciarme dulcemente la cara. Sus manos eran muy suaves. Empecé a sentir mariposas en el estómago y mi corazón empezó a latir más fuerte
-¿El qué?
Parece que Mario dudó unos segundos en elaborar su respuesta. Tras esos segundos me acunó la cara en sus manos y la atrajo a la suya. Podía sentir su respiración en mi cara. De pronto, entró Ángel. Lógicamente nos separamos rápidamente.
-Es hora de que Mario vuelva a su casa, es muy tarde.- dijo seriamente
-Tienes razón.- le respondió Mario
-Si quieres, recoges tus cosas y te acompaño yo misma.
-No hace falta, Laura, ya le acompaño yo.


Cuando Mario recogió sus cosas y se dirigía hacia la puerta me despedí:
-¡Hasta mañana!
-¡Adiós!


Entonces se cerró la puerta de mi habitación. En el otro lado, Ángel y Mario volvieron a discutir, pero esta vez no pude escuchar nada.


Cuando ya se hubo marchado Mario, me dirigí a la cocina dispuesta a cenar. Allí me dijo mi hermano:
-Por favor, Laura, ten mucho cuidado.
-¿Pero con qué tengo que tener cuidado?
-Con tus sentimientos.
-¿Pero por qué?
-Laura, cariño, ya he perdido un hermano por culpa de los sentimientos y no quiero perderte.- dijo casi llorando
-¿Cómo dices?- intenté contener toda la impresión que tenía acumulada ante sus palabras- ¿Cómo es que por culpa de los sentimientos voy a desaparecer?
-Todavía no te has enamorado
-Tú lo has dicho, Ángel, todavía no me he enamorado.- le intenté tranquilizar con un abrazo
-Es que no quiero que sufras
-Ya lo sé. Pero tú sabes que si sufro voy a acudir a ti y siempre contaré contigo. Pero por favor, tranquilízate.
-Hay un montón de cosas que te quiero contar pero no puedo.
-¿Por qué?
-Porque no soy la persona más indicada y además, aún no ha llegado el momento.
-¿Y cuándo va a llegar el momento?
-Tú...
-Tú dale tiempo al tiempo- le interrumpí- ya lo sé
-Entonces- rió- no preguntes.





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