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domingo, 26 de febrero de 2012

Capítulo 6

La mañana del domingo me desperté muy contenta y feliz porque sabía que tenía amistades de las verdaderas, como las que yo tenía con Isa e Iván. Siempre supe que ellos dos eran un pilar importante en vida pero la charla de la tarde anterior me sirvió para apreciar mejor que era una privilegiada por tener esos amigos tan importantes para mí y viceversa. 



Al llegar la tarde recordé que había quedado en casa Mario. No sabía qué ponerme. Indecisa abrí el armario y revisé las prendas disponibles. Al final me decanté por unos vaqueros y una camiseta de manga francesa. Salí de mi casa, no sin antes haberme dicho mi hermano que tuviese cuidado. 


Cuando iba caminando, me percaté que allí en frente de mi casa estaba el hombre que me había perseguido. Para mi suerte, solo me siguió con la mirada aunque eso incomodaba muchísimo. Con un gran alivio llegué a casa de Mario. Llamé al timbre y me abrió.
-¡Buenas tardes, Laura! ¡Pasa!
-¡Buenas!
-Buenos vamos hacia mi habitación ¿no?- dijo señalando el pasillo
Nos dirigimos a la habitación. Primero entré yo y acto seguido entró él
-¿Te quieres sentar en el sofá?-me ofreció.
-Vale.- dije mientras me sentaba.
-Continuemos con el trabajo ¿te parece?
-A eso he venido.
-Tengo algunas ideas pensadas.
-¿Las tienes escritas?- pregunté sorprendida. Él asintió- ¿Las puedo leer?
-Claro.- Se levantó, abrió un cajón, rebuscó un poco hasta que encontró los papeles. Cerró el cajón y se sentó de nuevo a mi lado.- Aquí los tienes
Estuve un rato leyendo sus ideas. Estaban escritas en formas de guiones teatrales, muy buenos por cierto.
-¿Te gusta escribir?- pregunté ante la evidencia
-Sí, me encanta escribir.
-Se nota, lo haces muy bien
-Gracias ¿Cuál te ha gustado más?
-Para mi gusto, este es el mejor.-respondí señalando mi favorito.
-Bueno, si te parece lo corregimos un poco y ensayamos.
-De acuerdo.


Lo estuvimos corrigiendo durante un largo período de tiempo, después lo estuvimos ensayando.
-Creo que por hoy ya es suficiente.- me dijo tras haber ensayado.
-Sí, lo mismo digo. Voy a recoger mis cosas.
Mientras recogía mis libros Mario me preguntó:
-¿Por qué el lunes y el martes fuiste tan fria conmigo?
-Ese es el secreto que te dije que algún día te contaré.
-¿Por qué no ahora?- respondió mientras tenía la espalda apoyada a la pared.
-Porque no es el momento.- qué bien sentaba decir esa frase.
-Anda... ¡Que tengo la curiosidad!
-La curiosidad mató al gato.- contraataqué
-¡Por favor!- pronunció esas palabras de una manera tan dulce que finalmente, por pura pena, accedí.
-Está bien.- cedí.- No tenía ganas de verte.
-¿A qué se debía?
-¿También te lo tengo que decir?- repuse enfadada
-Si.- afirmó soberbio
-A ver, me molestó que te besaras con Cristina.
-¿Celosa?- respondió divertido.
-No, lo que me molestó es que el día de antes... ¿cómo decirlo?... tontees con otra persona que en este caso soy yo.
Se despegó de la pared y con un paso muy lento y que seductor se colocó enfrente de mí.
-Mírame a los ojos y afírmame que estás celosa.
El problema era que no me salían palabras. No me esperaba que de pronto se colocara tan cerca de mí y estuve a punto de hiperventilar. El corazón me latía muy rápido. Le hice mucho caso porque me quedé mirando sus bellos ojos verdes, el problema era que de lo bellos que eran no podía pensar otra cosa. Mi cabeza estaba totalmente en blanco. Finalmente un relámpago de inspiración llegó hasta mi cerebro que hizo que al final le respondiera:
-¿Cómo voy a estar yo celosa?- intentaba hacerle creer que no, pero en el fondo estaba muerta de celos.
-Si no, no te hubiese preocupado tanto ese beso. ¿Qué te cuesta reconocerlo, Laura? Yo lo reconocí el otro día.
-Mira, confórmate con que no sé si lo estoy realmente.
-Laura, te puedo pedir un favor.- mientras hablaba jugaba con los mechones de  pelo que caían hasta mi pecho, parecía que eso le entretenía.- El otro día yo te dije que eras inexplicable... ¿Cómo me definirías?
-Pues creo que la mejor manera de definirte es decirte que eres tú mismo. Es cierto que sobre apariencia te dejas llevar mucho por modas, pero como persona eres tú mismo. Nadie es como tú. Te reconocería a kilómetros por horas, eres especial.- las últimas palabras las pronuncié en un susurro. No sé por qué expresé tanto mis sentimientos. 
-Laura, ¿por qué me pones las cosas tan difíciles?
-Te vuelvo a decir que yo no hecho nada.
-El otro día quería hacer una cosa que al final no pude.
Ya sabía por donde iban los tiros a sí que protesté rápidamente:
-Pero yo no te voy a dejar, ¿pará qué? Para que al día siguiente te líes con otra. Paso...
-Lo siento- susurró- pero ya es muy tarde.


Una cosa que odiaba mucho era que no me hicieran caso. Mario no me hizo nada de caso, pero para la resolución que llegó ese desobedecimiento hubiese querido y suplicado que desobedeciera todo lo que quisiese. Se había cogido unas confianzas tremendas, cosa que me encantaba. Si ya de por sí Mario estaba muy cerca, se acercó el doble, pudiendo sentir su respiración en mi boca, la que se quedó mirando fijamente. Lentamente sentí ese suave roce de sus labios en mis labios. De golpe sentí como si una bomba de mariposas estallase en mi estómago, llevándolas a todo mi cuerpo. Comprendí que tenía aún más celos de Cristina. Me acariciaba lentamente la cara en un gesto muy dulce. En mi mente resonaba una hermosa copla que decía así "Ojos verdes, verdes como la albahaca. Verdes como el trigo verde y el verde verde limón" ("Ojos Verdes")


No sabría decir el tiempo que estuvimos así. De pronto, empecé a notar ese sentimiento de alerta. Este aumentó por momentos creando en mí un malestar que hacía que me costara respirar. Palidecí por momentos. Lástima que Mario se diese cuenta y dejase de besarme.
-¿Te ocurre algo?- preguntó alterado
-Estoy un poco mareada, no es nada.- intenté suavizar el asunto
-Creo que tan mal no beso.- replicó
-Tranquilízate, no es eso.
-Lo importante es que estás mejor.
-Gracias.
-Oye...- respiró hondo- perdón.
¿Perdón? ¿Por qué? Había sido muy feliz durante un espacio corto de tiempo y ahora resulta que no era su intención. Como cualquier otra chica me pregunté si era porque no le había gustado o si simplemente no era su intención. Aunque si mal no recordaba era él el que tenía ganas de besarme. Aunque finalmente pensé que antes de montarme una paranoia en la cabeza, era mejor preguntarle a él el motivo de su disculpa:
-¿Perdón por qué?
-El problema es que no lo sé. Ya no sé lo que tengo que hacer.- dijo desesperado.
-Supongo que no me lo podrás contar.
-No, lo siento, me encantaría pero no puedo.- suspiró
Empecé a pensar si eso que no me podía contar tenía que ver con ese secreto que había entre nuestras familias. Creo que acerté. Antes de nada me entraron ganas de probar a ver si Mario me daba algo de información, ya que mi hermano no me decía nada:
-¿Tú sabes algo sobre ese secreto que hay entre nuestras familias?
-Más de lo que quisiera.- suspiró
-¿Y qué don se supone que tenemos?
-No sé si debo contártelo.- decía mientras se rascaba delicadamente la nuca
-¡Por favor!- supliqué. Para reforzar mi súplica le tomé la mano y le miré a los ojos.
-No sé...- dudó- está bien. Mi don es que puedo leer la mente, si quiero. 
-¿Me puedes leer el pensamiento?- pregunté asustada, tenía muchos secretos en la cabeza de los que no tenía por qué enterarse.
-No, a ti no.
-¿Por qué?
-Eso no lo sé.- mintió, lo percibí.- Eres tan especial, hasta para esto.
-Gracias.- respondí tímidamente
Acto seguido nos sumergimos en un corto silencio. Como no me gustaban mucho los silencio lo rompí preguntando:
-¿Y sabes cuál es el mío?
-Tú puedes...- respiró hondo- ver si alguien miente o dice la verdad, si tus sentimientos te lo permiten.
Eso tendría mucho sentido. Desde chica podía percibir si alguien me mentía o no. Lo que no entendía era lo de los sentimientos:
-¿A qué te refieres?
-Mira ,Laura, por favor cállate.- dijo enfadado- No tenía que haber dicho nada y... mira el reloj, es muy tarde. Vamos, te acompaño a tu casa.
-Bueno, como están los humos...


En el trayecto de vuelta Mario estuvo muy callado, creo que no llegó si quiera a mirarme salvo en un momento en el que me tomó de la mano y me miró sonriente, sonrisa que le devolví cálidamente.
Al llegar a la puerta de mi casa Mario me habló:
-Laura, perdóname. Me he comportando un poco mal hace un rato en mi casa. Lo siento.
Esa disculpa me conmovió mucho quizá porque sonó de una manera muy dulce con su voz tan aterciopelada o quizá porque me estaba empezando a enamorar y cada cosa que me decía era muy valiosa para mí.
-Tránquilo, no pasa nada. Está todo olvidado.- contesté de corazón
-Laura, que tengas dulces sueños.
Me acunó la cara en sus manos y me besó en corto pero dulce e intenso beso.
-Ahora seguro que lo tendré.- susurré- ¡Adiós Mario!
-¡Buenas noches!
Antes de abrir mi puerta, me giré y volví a despedirme de Mario, esta vez solo con la mano. Él me devolvió la despedida con un guiño.
Al entrar en mi casa llegué con una sonrisa de oreja a oreja. Álvaro me la notó pero en vez de preguntarme me dejó seguir con mis cantes llenos de alegría. Cuando me acosté y me dormí, creo que aún conservaba aquella sonrisa que hacía tiempo que no conseguía, todo gracias a Mario.

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