Decidida salí de mi casa esperando encontrame a Mario por alguna parte, pero nada. Le mandé un toque e incluso un mensaje diciendo: <<Estoy en la puerta, dnde stas??>> Pero no me respondió. Me quedé esperando un buen rato, temí que me hubiese dado plantón, pero él mismo me mandó un mensaje diciendo que estaba llegando.
Mientras seguía con mis cavilaciones sentí en mi espalda como unos brazos abrazaban mi cintura, giré mi cabeza y me encontré cara a cara con Mario. Él empezó a besarme delicadamente el cuello, yo apoyé mi cabeza en sus hombros y no pude hacer otra cosa que perderme con sus besos. Poco a poco sus besos iban subiendo, del cuello pasó a la bariblla, besó la comisura de mis labios con delicadeza, pero después esa delicadeza se convirtió en una irrefrenable pasión. Mis manos se enredaron en su pelo. Así estuvimos un buen rato. Después se separó de mi, mejor dicho, de mis labios, porqué aún seguía abrazándome:
-Y bien, ¿De qué querías hablarme?
Me sentí idiota, ¿Cómo podía yo explicarle que no estoy segura de sus sentimientos hacia mi? después de aquel maravilloso beso no podía desear otra cosa màs que volver a besarle, por esos las palabras salieron de mi boca muy atropelladamente:
-A ver, Mario, has vuelto de Madrid hace poco, antes eras un gran amigo y al volver parece que nos hemos comvertido en algo más, pero parece que todo cambió con un beso, el beso surgió tras una previa negación, no digo que no me guste que me beses, es más, me gusta demasiado, pero que no estoy segura de por qué, qué es lo que ha cambiado, que resumiendo un poco necesito saber tus sentimientos hacia mi porque...
No pude seguir hablando, él me acuno la cara en sus manos y me dio un beso muy fugaz, o eso creo, y muy dulce.
-Yo solo beso cuando de verdad siento algo por la otra persona-susurró
No. No tenía que haber dicho esa frase. Iba muy bien hasta ese momento. Todo iba a pedir de boca y él lo tuvo que cagar. Una frase para ligar e intentar quedar como un romanticón, pero eso no va conmigo, yo no me dejo engañar. O al menos según me han contando es un don que tengo.
-Si, ya-me separé bruscamente de él- ¿Y Cristina qué? - pasaron segundos y no respondía- ¿Eh? ¿Tanto tardas en encontrar una excusa?
-Lo hice para darte celos...-dijo agachando la cabeza
-Ja-ja-ja- risa irónica
-Mira Laura, si tu quieres puedes saber si estoy mintiendo o no
-Mira, si de verdad me dices la verdad con lo de los celos, me has mentido con lo de que solo besas si de verdad lo sientes y no sé cual mentira de las dos es peor...
-Laura, las cosas siempre tienen un por qué. Todo se complica...-lo último lo dijo para si
-¿Lo de que se están complicado lo has averiguado tú solito? Pues aplausos varios-aplaudí en aire muy enfadada- Oye, si vas a querer saber de mí, lee los pensamientos de mi gente cercana, que esta servidora no ta va a dirigir palabra-me sentía orgullosa por la fuerza que estaba mostrando, aunque solo fuese una tapadera... No aguantaba más allí y decidí irme y despejarme
-¿Entonces, estamos cortando?-dijo intentándome agarrar de la muñeca
-¿Acaso alguna vez hemos empezado?-y me solté bruscamente de él
A quien pretendía engañar, no era tan dura como pretendía mostrar, en el fondo a cada palabra más de la conversación me entraban más ganas de llorar. Me alejé de allí porque no quería que, precisamente él, me viera llorar.
Dios mío, aún no me acaba de creer lo ocurrido, su actitud distante durante la conversación, mi supuesta fuerza, lo rápido que evolucionó la situación de buena a mala...
Seguía sin creérmelo, me senté en un portal de una casa de una calle poco transitada. Empecé a llorar, no me lo podía creer. Lo que más me dolía era que fuese él, una persona que siempre fue importante para mí, un gran amigo de toda la vida. Me acordé de la letra de la canción "El perfume de la soledad" de David de María que decía "En este tiempo he comprendido, que el amor no es amor, si en el fondo no duele" Entonces, ¿esto era el amor? Me tenía que haber dado cuenta antes. El estar todo el rato pensando en él, el oír su nombre y sonreír, el que pareciese que todas las canciones hablasen de él, y lo más importante, el desear a todas un beso suyo... Fui un poco tonta y estúpida por no darme cuenta antes. El pensar eso me hizo que llorase aún más. En el fondo solo lloraba para desahogarme, durante un rato. El llorar muchas veces es sinónimo de flaqueza pero para mí es sinónimo de desahogamiento. El caso, llorar está infravalorado. Tampoco digo que llorar mucho rato sea bueno, solo digo que de vez en cuando, llorar hace que tengas más fuerzas después, por lo menos a mí, después de llorar, puedo pensar con más claridad.
Mientras seguía sentada, llorando y pensando, vi que alguien me tendía la mano para ayudarme a levantar. Agradecí la ayuda y me puse en pie.
-Ya estamos en paz, esta mañana me ayudaste tú a levantarme y ahora te ayudo yo- sonreí. Era Dani, aquel chico de mi clase que supuestamente le gustaba- voy dirección a tu casa, ¿quieres que te acompañe?
-Sí, por favor- susurré, necesitaba compañía- gracias.
-No tienes nada que agradecer- rebuscó en sus bolsillos y me tendió un pañuelo- creo que lo necesitas ¿verdad?- afirmé con la cabeza, después sacó un lápiz de ojos- Creo que de esto también necesitas-lo miré sorprendida- ey, ¡no pienses mal! Que es de mi hermana que se lo dejó en casa de mi padre y tengo que llevárselo a casa de mi madre- sus padres estaban separados.
-En ese caso, gracias- escapé una pequeña risa.
Me fui hacia un espejo de una tienda cercana y me volví a pintar la raya. Cuando volví a donde estaba Dani me lo encontré haciendo malabares. Dejé escapar otra carcajada. Dani sonrió satisfecho. En ese momento me di cuenta de la gran persona que tenía a mi lado, en ningún momento me preguntó por mi problema y su única misión era hacerme sonreír. Pensé que la gente que de verdad me quiere es la que quiere hacerme feliz, como Dani. No merecía la pena pensar en aquellos momentos en Mario, mejor era pasar un rato agradable con Dani, pero ni yo me creía que pudiese dejar el temita tan a la ligera
-Tardé casi un año en que los malabares me salieran perfectos- dijo mientras una bolita se le cayó al suelo
-¿Y serías capaz de hacerlo con 4?
-Ni lo sueñes- río
Seguimos caminando mientras él hacía malabares, me reía con él, le miraba a los ojos que como siempre mostraban una gran ilusión por todo.
-¿Sabes?- decía Dani mientras se metía las bolitas en los bolsillos- mi madre siempre me dice que si no vas a mejorar el silencio, mejor no hables. Llevas medio camino callada di algo que si no me siento charlatán hablando yo solo.
-Creo que me estoy volviendo loca- dije sin pensar, bueno en el fondo, si pensaba eso pero lo solté sin más
-"Estás loco, majareta. Pero te contaré un secreto, las mejores personas, lo están."- me reí ante sus palabras. Una de mis películas favoritas era Alicia en el país de las Maravillas de Tim Burton, la de veces que habría soñado con que esa frase me la dijeran a mí. Volví a reír.
-¿Dónde está exactamente tu casa?
-Es esta- señalé
-¡Anda! pues se acabó el viaje- me sonrió, le sonreí.
-Gracias por todo Dani, de verdad, has echo que por un momento se me olvide mi problema, aunque ahora cuando llegue a mi casa vuelva a pensar en ello... Me has echo reír y eso es lo importante.
-Mi misión era hacerte feliz y voilà - me sonrió, se rebuscó en los bolsillos y sacó una cajita, la abrió, en ella había un colgante con una cara amarilla con dos ojos y una boca negra (típica cara de emoticono)- toma para tí, era de mi hermana pero dijo que ella ya no lo quería y lo quería tirar, a mi me daba pena y lo metí en el bosillo para ver que podía hacer con él. Cuando estés en tu casa y te pongas triste, mira esta cara e intenta alegrarte.
-Muchas gracias, de corazón- me puse el colgante- no tenías por qué. Por cierto, ¿llevas de todo en tus bolsillos?
-Te todo menos caspa- reí, por la voz que puso tan de anuncio.
-Vuelvo a decirte que muchas gracias- sus ojos brillaban mucho, estaban cargados de emoción y alegría.
-No tienes por qué. Mi intención era hacerte sonreír y lo conseguí.- le di un abrazo muy fuerte. Después al separarnos volví a mirar a sus ojos, cargados de felicidad y le di un beso en la mejilla como despedida y me alejé a mi portal. A lo lejos pude oír:
-Si te encuentras triste, ya sabes
A lo que yo grité:
-¡GRACIAS!
Me sentía muy alegre, pero fue entrar a mi casa y derrumbarme de nuevo, no quería que mi hermano me viera llorar y me fui directa a la ducha. Para coger fuerzas miré el colgante y por un momento pensé que sus ojos eran los de Dani que quería hacerme feliz, pero al cabo de unos segundos pensé que eran los de Mario y volví a ponerme triste.
Me acosté sin cenar, quería evitar cualquier tipo de conversación con mi hermano, mañana sería otro día, ¿con más fuerzas? Quizás. Empecé a recordar todo lo ocurrido en el día, cargado de emociones varias. Lo que más me preocupaba era Mario, ¿por qué? ¿por qué precisamente cuando todo iba bien se tiene que acabar? Volví a llorar, lo quería mucho y me di cuenta tarde, ¿se solucionará? Seguía llorando y miré hacia mi mesita de noche, donde estaba el colgante que me regaló Dani y sonreí, quise seguir pensando pero un día cargado de emociones el efecto que hace en mi es un sueño terrible. Me dormí con la esperanza que al siguiente día no tuviese tantos altibajos, pero a fin de cuentas, esos altibajos animan y dan juego a la vida ¿no?
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