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jueves, 9 de agosto de 2012

Capítulo 8

Terminadas las clases estaba dispuesta a hablar con Mario, tenía ensayadas de mil maneras las cosas que le iba a decir, claro está que cuando viera a Mario todas aquellas palabras que tenía preparadas se me olvidaría porque, siempre que veía esos ojos verdes no podía articular palabra, esos ojos verdes calaban muy hondo y cuando los veías no podía fijarme en nada más.



Quizá Isa tendría razón, de la noche a la mañana había pasado de estar enfadada con Mario a quererlo demasiado, todo por un beso, en verdad por más de un beso, besos que hacían que se olvidara que existía, besos que me transportaban a un sitio lo más parecido al Cielo. Tenía que tener la mente fría y no hacerme ilusiones tan pronto y eso podría llegar a herirme. Tampoco quería salir enfadada de esa conversación. Mario siempre fue un gran amigo y una persona muy importante para mi lo que pasa que tras su marcha a Madrid nos distanciamos y perdimos el contacto. A su vuelta, Mario volvió muy cambiado y a partir de entonces, secretos que en estaban presentes en mi vida y que nunca me había enterado de ellos, estaban empezando a aflorar.


Mientras estaba absorta en mis pensamientos y recogía mis libros para colocarlos en la mochila, me di cuenta que había una nota en mi mesa.


Laura, lo siento, tengo mucha prisa. Sé que querías hablar conmigo pero ahora mismo no me puedo parar. Esta tarde te recojo a las siete para dar un paseo. 


                                                                                                                                       Te quiere, Mario  



Por un momento me sentí estúpida y me dio por pensar si de verdad estaba tan absorta en mis pensamientos como para no darme cuenta que Mario me había dejado una nota. Me morí de vergüenza al instante. Justo después noté que alguien me daba palmaditas en la espalda. Me giré y vi a Isa riéndose a carcajada limpia. 

-¡Bueno, bueno! Tendré que fregar la mesa con las babas que has dejado en las últimas horas. Estabas despierta pero estabas soñado. Tus sueños serían tipo "¡¡¡¡Ay, Mario, bésame más!!!!"- dijo con voz cursi. A lo que le respondí con un mini empujón.
-JA-JA que graciosa eres, Isa
-¡Hija mía- no podía aguantar la risa- que el chiquillo me ha dado una nota para ti y te la he dejado en tu mesa y no te has dado ni cuenta!
-Ah, ¿entonces él no me ha visto absorta en mis pensamientos?- dije medio suspirando.
-Pues sinceramente, eso no lo sé, pero si me ha dado la nota para tí, sería por algo ¿no?- al decir esto movió las manos de forma tan exagerada que hizo que a Dani, un compañero de clase, se le cayera un gran montón de libros que llevaba en las manos.
-¡Ay Dani, perdón! Espérate que te ayudo- el color de las mejillas de Isa iba transformándose en más rojo a medida que pasaban los segundos, no pude evitar dejar escapar una risa tonta mientras que me levantaba a ayudar

Al ayudar a coger a Dani un libro él me dio un codazo sin querer y, tal y como pasa en las películas nos miramos, no como una mirada romántica, más bien como una mirada de disculpa. En ese momento me di cuenta que su mirada tenía un brillo especial, que sus ojos azules como el cielo de verano transmitían algo que no lograba a alcanzar. Me quedé observando sus ojos durante bastante rato, intentando averiguar el por qué de su brillo.

-¿Te ocurre algo?- susurró Dani y me sorprendió la manera en la que lo dijo, sin nada de enfado, lleno de ternura y con una calidez que hizo que reaccionara.
-No, tranquilo, estoy muy bien...-respondí también en un susurro
-Laura, ¡eeeeoooo! Me oyes,- Isa estaba desesperada- que nos tenemos que ir, no sé si lo sabías...
-Eh, ¡sí, sí! ya voy- me puse en pie y ayudé a levantar a Dani. 

Salimos de la clase y a lo lejos me nos despedimos de Dani. Conocía a Dani desde hace dos años que entró nuevo a clase. Era un chico de estatura normal, rubio y con los ojos azules. Cuando reía se le marcaban dos hoyuelos en cada lado de los mofletes. Me llevaba muy bien con él, era él típico compañero de clase que sabes que si te encuentras mal puedes hablar con él, además era muy comprensivo, amable y cariñoso. 

-Tía, ¿a qué venía esa mirada? -preguntó Isa- ¿No me digas que ahora te gusta Dani?
-Isa, ¡no pienses mal!- le di un codazo amistoso- Es que noté como si con su mirada quisiera decirme algo, algo especial...
-No me extraña... Ese chico lleva colado por ti desde que entró.
-No me hace gracia- le hice una mueca de desprecio
-¡Lo digo en serio! Mira, ahí está Iván, verás como él también lo piensa -me cogió de la mano y me llevó corriendo hasta Iván
-¡Iván! -el aludido se giró- ¿a que a Dani le gusta Laura?
-¡Isa!- su mirada era entre pidiendo discreción y unas ganas de reír a más no poder.- No se sabe. Cuando él te mira, le brillan los ojos pero no hay que sacar conclusiones apresuradas, además, él es mi amigo y no me gusta tratar estas cosas a su espalda. Cambiando de tema... ¿habéis aclarado las cosas?-su mirada se posó en mi.
-Que va, esta tarde hemos quedado para hablar -respondí
-Uuuy... dicho así parece que no va a acabar bien- dijo Isa
-¿Y qué quieres que yo le haga?- respondí un poco molesta- hemos quedado para hablar...
-Venga tía, que lo decía en broma- Isa se acercó y me abrazó- ¿sabes que te quiero, verdad?
-Claro que sí, tonta- la abracé más fuerte- pero yo te que quiero más.
-En estos momentos me siento solo...- ante las palabras de Iván solté una carcajada y fui corriendo y le di otro gran abrazo. Esos son mis amigos, capaces de hacerme olvidar todo los problemas y hacerme sonreír. Pese a tener una vida un tanto extraña, ellos me hacen sentir normal por unos instantes. Me siento muy afortunada de tenerlos, son de lo mejor que me ha pasado en la vida.
-Gracias- susurré con una voz inaudible


Cuando volví a casa, mi hermano me tenía preparado Spaguettis, era mi comida favorita y mi hermano la preparaba solo en contadas ocasiones, además tenía ya la mesa bien preparada.

-¿Y estó?- pregunté sorprendida
-Estoy feliz, ¿sabes de esos días que te despiertas con ganas de comerte el mundo y lleno de energía?
-Si, sí... ¿y quién es la causante de tu felicidad? -no pude evitar reírme a carcajada limpia
-¡Oye!- él tampoco evitó reírse- Parece que uno no puede tener un día bonito sin tener una chica de por medio.
Aquella conversación acabó entre risas y con algún que otro Spaguetti en el suelo.
-Bueno, ¿y tú qué?- preguntó Ángel- ¿Qué tal con el chico que te roba la risa y hace que estés risueña y cantarina por la casa?
-Pues...- me levanté y empecé a recoger los platos- esta tarde hemos quedado para hablar...
-O una de dos, o vais a hacer algo que no queréis que me entere o es alguna conversación típica de pareja que acaba mal.
-¡Ángel! ¿Tu también?- estaba molesta- ¿por qué todo el mundo dice lo mismo? ¿Por qué la conversación tiene que acabar mal por narices?
-Es que, Laura, lo dices de una manera... que no hay que ser agorera...
-Ya, pero si todo el mundo me dice que va a acabar mal, ¿a eso que le voy a hacer yo?
-Venga, no te enfades.- me tranquilizó- Ya termino de recoger yo la cocina, ve a tu cuarto y haz lo que quieras. Pero que no se te olvide estudiar antes de ir a tu "cita para hablar"- menos mal que lo dijo mi hermano y en broma, que si no la paliza se la llevaba seguro.
-Gracias.-susurré

Me encerré en mi cuarto, más que estudiar necesitaba despejar la mente. Cogí la guitarra y creé alguna que otra melodía. En cuanto a música sí se me daba bien componer, pero en cuanto a la letra de las canciones, mejor ni hablemos.

Menos mal que existía la música, la mejor manera de despejar mi mente y aclarar mis ideas. Cogí mi Ipod y fui directa a una canción que para mí era una inyección de energía "Me ha dicho la luna" sí, me encanta esa canción. Siempre que estoy triste o me ocurre algo me la pongo para animarme. Es una inyección de felicidad hecha música... 

Después me puse a estudiar, o por lo menos a disimularlo. Mientras estaba con matemáticas suena un móvil, el mío. Era un mensaje: <<Estoy llegando a tu casa, te espero fuera?>> era Mario, le respondí <<OK, nos vemos (;>>

Me arreglé, me miré al espejo y decidí ponerme un poco de lápiz de ojos. Aunque lo intentara ocultar, no podía estar más nerviosa. Al final me había creído que aquella conversación podría acabar mal, pero tenía que quitarme esa idea de la cabeza y mostrar la mejor de mis sonrisas. Ante cada circunstancia en la vida hay que mostrar optimismo pese a que no siempre todo sale como se había esperado...


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